martes, 1 de marzo de 2016

Relatos de un amargado: Sacrificio.

Eran los primeros días de noviembre, el peculiar aire seco y nostálgico golpeaba mi cara provocándome hacer muecas mientras caminaba en aquella angosta y solitaria calle. Pasé indiferente frente al puesto de revistas, pero me detuve por unos minutos para no llegar tan temprano a mi destino; leí los titulares para hacer tiempo cuando alcancé a leer "Análisis del falso concepto de libertad de pensamiento" en la página 19. No pude ocultar mi expresión de felicidad, ¡era mi primer artículo de análisis que publicaban en ese periódico! así que compré uno, lo abracé como si se tratara de un niño con su álbum de estampas y corrí al encuentro de Luisa, quien curiosamente ese día llegó antes que yo, lo recuerdo muy bien porque usualmente ella llegaba 15 minutos tarde bajo el argumento de que no quería llegar y tener que esperarme, le gustaba ser esperada, pero no esperar.


-¿Por qué estas tan sonriente? -traté de ser amable y esperarme a compartirle mi motivo de felicidad-. 
-He comprado esta nueva cámara -mientras la sacaba de una bolsa negra- hoy nos tomaremos muchas fotos.

¡Caray!, ¿qué acaso no me conocía ya lo suficiente como para saber que la idea de retratarme me era sumamente incómoda? pero eso no sería suficiente para borrar mi cara de felicidad, esa que no notó así que continué preguntándole.


-¿Por qué la has comprado?

-Pensé que sería buena idea retratarnos, no tenemos muchas fotos, además... no tengo fotos en pareja.

La situación me quedaba más que clara, ella quería fotos de recuerdo y eso hasta cierto punto me convencía un poco por el sentido e importancia que les daría.


 Después hubo un minuto de silencio y sonrisas. "¿No vas a preguntarme por mi expresión de felicidad?" pensé durante ese minuto así que cambié la estrategia.


-He comprado el periódico porque encontré algo que me puso feliz, seguramente si tu lo lees, también será así, para ser más específico, podrías checar la página 19 -le dije mientras le entregaba el periódico- quedatelo, es algo especial.

-Está bien aunque no entiendo qué puede tener de interesante el periódico de hoy -lo enrolló y guardó en su bolsa-.

Entendí su actitud porque en ese instante a ella le emocionaban más las fotografías que nos tomaríamos ese día. Recuerdo que fuimos a un pequeño lago, cerca de la comunidad donde ella vivía, encontramos a unos señores teniendo una especie de día de campo, mismos que nos invitaron a quedarnos. Lamentablemente Luisa no pudo entrar al lago porque según las creencias de esa comunidad (y muchas otras, cosa que después verifiqué) las mujeres no podía entrar a ellos porque podían propiciar su extinción, es decir "que se secaran". Curiosamente a esa hora ya estaba soleado aunque no dejaba de sentirse la cercanía con los días más fríos, así que aproveche la oportunidad que los señores me brindaron de entrar al lago. Ella tomó bastantes fotos, en la mayoría estábamos juntos, el resto del rollo lo gastó tomando fotos al paisaje que para ser sincero, ha sido de los más hermosos que he visto. Al concluir el día, volvimos caminando a su casa.


-Mañana iré a revelar las fotos de hoy junto con otros rollos que tengo en casa, la verdad es que no recuerdo qué tipo de fotos tienen -aunque lo dijo con un tono bastante inseguro, no en el sentido de que realmente no supiera sobre esos rollos sino que se notaba que a ella le costaba creerse- cuando tenga las fotos, pasaré a tu casa a dejarte algunas.

-Está bien, no te apures. Yo estoy satisfecho por el magnífico día que pasamos juntos. Espero que puedas imaginar lo mucho que te amo Luisa, gracias por compartirme tu tiempo.
-Tu sabes que es un placer para mi poder estar a tu lado. Nos vemos pronto.
-No olvides leer el periódico, página 19 -le dije mientras le daba un último abrazo.

Mi día terminó ahi, días siguientes continué escribiendo notas de opinión y mandándolas a los periódicos con esperanza de que volvieran a publicar alguna, esto conllevaba que leyera cada vez más para poder establecer un punto de opinión más crítico y fundamentado. Luisa en ese entonces estaba buscando algún trabajo temporal en el que pudiera ocupar equipo de cine de manera más directa, su sueño era poder aparecer en televisión, pero primero quería saber todo el mecanismo detrás de cámaras. Por ende, al rededor de 3 semanas no nos vimos hasta que un día sonó el timbre de mi apartamento. Era ella, llevaba un vestido verde con líneas cafés, botas negras y el cabello recogido dejando sueltos algunos mechones de cabello al frente que dejaban notar que tenía un día ocupado.


-Pasa, estaba leyendo, me agrada mucho verte de manera sorpresiva -dije emocionado-.

-Pasaba por aqui, conseguí empleo en un estudio de videos independientes no muy lejos de aqui. Sólo pasé a dejarte unas fotos, pero no tengo el tiempo suficiente para que elijas y me des las demás así que te dejaré el paquete y pasaré el sábado, con más tiempo para que vayamos a comer.
-Me parece muy bien, no quiero distraerte. Pero ¿Qué paquete es? traes 5 iguales.
-¡Ah, son de los rollos que te dije! Ya revisé los paquetes cuando me los entregaron, pero no los etiqueté, aún así estoy segura que es este -sujetaba de manera especial aquel paquete, con cariño-.
-Bueno, no te preocupes, yo elijo las fotos que me gusten y el sábado te entrego el resto -lo dije mientras tomaba el paquete de fotos-.

Seguido de eso nos despedimos y ella se fue corriendo. Al regresar a la sala vi el paquete con cierto cariño, recordando el día en el que nos tomamos las fotos. Me senté en mi sillón carmín y saqué las fotos. Mis manos comenzaron a sudar, mis palpitaciones fueron más rápido, mis dedos temblando sujetando la primera foto, después la segunda, una tras otra cada vez más rápido, gotas de sudor frío escurrían por mi frente, un dolor de cabeza vino a mi mientras se me hacía un nudo en la garganta. "Esto es una confusión" pensaba mientras mis manos crispadas intentaban seguir pasando entre una foto y otra con naturalidad. Ahora todo parecía tomar sentido mientras más preguntas venían a mi cabeza a las cuales tenía una conjetura, de esas que se dejan llevar por los sentimientos inmediatos. Esas fotos no eran las nuestras, eran de otra pareja... en la que el lado masculino estaba representando por otro hombre que no era yo.


Pude verla tan radiante, con sonrisas que nunca pude presenciar, con expresiones en su cara que nunca tuve el gusto de provocar. También estaba él, un sujeto desconocido, tan afortunado de tenerla en sus brazos, fotos con buenas tomas a las que nunca me acerqué y sólo logré tomas borrosas. Fueron alrededor de 40 fotos, todas muy buenas, dejaban ver una emotiva historia con un predecible final feliz que la vida me mandó a interrumpir. Mientras estaba en la foto 38 ya podía sentir un cariño hacía ambos como pareja olvidando que ella ahora era mi novia y recordando cómo comenzamos a salir juntos.


Aquella tarde no pude hacer más que pensar en todo lo relacionado a nosotros tres, porque lo estaba incluyendo a él. También estuve pensando en el nerviosismo de Luisa aquella tarde por querer revelar lo antes posible sus rollos, tanto que por un momento pensé que ella ya estaba consciente del contenido de los mismos. Lo único que conseguí fue confundirme para después intentar ignorar todo lo que había visto. Mi conclusión fue que había sido un error de ella el dejarme el paquete equivocado, además,,, sólo eran fotos, un recuerdo del pasado aunque por otro lado pensaba que era sumamente iluso por creerme mi justificación hacia ella.


Al otro día, después de salir a desayunar, al regresar ví las fotos sobre mi mesa de trabajo, me senté nuevamente en mi sillón carmín y volví a verlas. Él era realmente apuesto, sabía vestir bien y sin duda yo no podía compararme con su físico. No le deseaba nada, pero si alguien me hubiera obligado a externarle algo, seguro le hubiera deseado que se quemaran sus trajes... mientras él los usaba. El resto de la semana no pude dejar de pensar en la historia que yo había interrumpido, no dejé de hacer conjeturas del futuro entre ellos dos, "si hubieran seguido juntos quizá se casarían pronto", de igual forma, sentía un ardor en el pecho cada que veía las fotos, parte de ese martirio que como humanos llegamos a hacernos, fui víctima de mi propio sabotaje,


Por último, parte de este relato, debo decir que acudí a su encuentro el fin de semana como habíamos acordado, ella me pidió que fuera a su casa para que me entregara el verdadero paquete con nuestras fotografías. Al entrar a su casa pude ver la página 19 del periódico que le di, como base del arenero de su gato.


-Necesito el periódico de aquel día.

-No entiendo para qué, no tenía nada interesante, te compraré el de hoy a cambio porque el que me diste ya no lo tengo.

sábado, 6 de febrero de 2016

Relatos de un amargado: el planeteador.

Los días con neblina, como cualquier viejo, suelo sentarme en mi sillón de piel, ese de color carmín, prender mi pipa y ver por la ventana. Parece un poco absurdo porque no puedo percibir nada en el exterior pero es entonces cuando libero mi mente de mis ocupaciones diarias y simplemente me concentro en disfrutar el momento.

Días como estos, termino pensando en ella... realmente es una tonta justificación porque ella llega a mi mente de manera fugaz para amargarme el día, para amargarme la vida como siempre lo hizo. Es el planeteador que no me deja en paz, aparece en los mejores momentos de mi vida, aparece en mi reflejo frente al espejo, aparece su silueta en mis fotos y peor aún, está presente en todo el recuerdo de una etapa de mi vida.

Me atreveré a contar la historia del planeteador que en realidad era chica pero prefería ser nombrada con el pronombre "él", se hacía llamar la viajera espacial en esos años, le gustaba recostarse en mis piernas y ver al cielo, siempre imaginando conquistar otros planetas. En esos años yo era su persona preferida, de manera atrevida me llevaba siempre con ella, me hacía parte de sus aventuras y de su historia, me volví su confidente para posteriormente ser su acompañante en los planes más locos.

Sinceramente debo decir que disfrute arduamente esos días en el que sólo podíamos pensar en lo siguiente que haríamos, fui todo un estúpido con la confianza ciegamente depositada en ella. ¿Fue mi novia? -En absoluto, nunca estuvimos cerca de ello, más aún por esto nuestra relación tenía mayor profundidad, quizá podría hablar de ese apoyo altamente moral del que todos presumen.

El planeteador era ese viajero alterno que todos desearían tener de enseñante, con iniciativa, pero... siempre mostrando una amargura contra sus progenitores, un odio a sus semejantes sanguíneos y un repudio hacia la traición. Todas sus experiencias independientes eran amargas, únicamente juntos podíamos cambiarles el sabor.

Pasaron los años, nos distanciamos, yo conocí a Luisa... la dueña principal de mi ser en aquel entonces, por la que sacrifiqué a muchas personas y la que no merece mayor mención en este relato. El planeteador se sintió traicionado y más utilizado me sentí yo... mi máxima era ella, pero mi persona solamente era un objeto de egoísmo. Respondí a las primeras manipulaciones justificando al planeteador por las situaciones no reales que yo creaba para protegerlo, acudí a su llamado pero cada vez las privaciones eran mayores. 

La última vez, entró a saquear mi casa con una falsa visita amistosa, se llevó todo lo que me había intercambiado, juzgandome como un traicionero sin derecho a explicaciones que me ayudaran a comprender su enojo. 

El sentimiento de incertidumbre me es altamente molesto hasta estos días...

El planeteador, mi gran, único y fiel amigo... aquel que viene de visita a mi mente cuando menos lo requiero, aquel que me recuerda lo amargo de eso llamado amistad y la presencia omnipresente de las palabras volátiles.