sábado, 6 de febrero de 2016

Relatos de un amargado: el planeteador.

Los días con neblina, como cualquier viejo, suelo sentarme en mi sillón de piel, ese de color carmín, prender mi pipa y ver por la ventana. Parece un poco absurdo porque no puedo percibir nada en el exterior pero es entonces cuando libero mi mente de mis ocupaciones diarias y simplemente me concentro en disfrutar el momento.

Días como estos, termino pensando en ella... realmente es una tonta justificación porque ella llega a mi mente de manera fugaz para amargarme el día, para amargarme la vida como siempre lo hizo. Es el planeteador que no me deja en paz, aparece en los mejores momentos de mi vida, aparece en mi reflejo frente al espejo, aparece su silueta en mis fotos y peor aún, está presente en todo el recuerdo de una etapa de mi vida.

Me atreveré a contar la historia del planeteador que en realidad era chica pero prefería ser nombrada con el pronombre "él", se hacía llamar la viajera espacial en esos años, le gustaba recostarse en mis piernas y ver al cielo, siempre imaginando conquistar otros planetas. En esos años yo era su persona preferida, de manera atrevida me llevaba siempre con ella, me hacía parte de sus aventuras y de su historia, me volví su confidente para posteriormente ser su acompañante en los planes más locos.

Sinceramente debo decir que disfrute arduamente esos días en el que sólo podíamos pensar en lo siguiente que haríamos, fui todo un estúpido con la confianza ciegamente depositada en ella. ¿Fue mi novia? -En absoluto, nunca estuvimos cerca de ello, más aún por esto nuestra relación tenía mayor profundidad, quizá podría hablar de ese apoyo altamente moral del que todos presumen.

El planeteador era ese viajero alterno que todos desearían tener de enseñante, con iniciativa, pero... siempre mostrando una amargura contra sus progenitores, un odio a sus semejantes sanguíneos y un repudio hacia la traición. Todas sus experiencias independientes eran amargas, únicamente juntos podíamos cambiarles el sabor.

Pasaron los años, nos distanciamos, yo conocí a Luisa... la dueña principal de mi ser en aquel entonces, por la que sacrifiqué a muchas personas y la que no merece mayor mención en este relato. El planeteador se sintió traicionado y más utilizado me sentí yo... mi máxima era ella, pero mi persona solamente era un objeto de egoísmo. Respondí a las primeras manipulaciones justificando al planeteador por las situaciones no reales que yo creaba para protegerlo, acudí a su llamado pero cada vez las privaciones eran mayores. 

La última vez, entró a saquear mi casa con una falsa visita amistosa, se llevó todo lo que me había intercambiado, juzgandome como un traicionero sin derecho a explicaciones que me ayudaran a comprender su enojo. 

El sentimiento de incertidumbre me es altamente molesto hasta estos días...

El planeteador, mi gran, único y fiel amigo... aquel que viene de visita a mi mente cuando menos lo requiero, aquel que me recuerda lo amargo de eso llamado amistad y la presencia omnipresente de las palabras volátiles.